Bloquearte fue un acto de amor

La noche avanzaba sin propósito. La música, una mezcla de notas alegres y memorias tristes, llenaba el aire con una indiferencia parecida a la del universo.

Juan, medio ebrio pero extraño en su lucidez, soltó una pregunta: —¿Cómo carajo superaron a las mujeres que amaron?

Nadie dijo nada. Yo tampoco. Pensé en ti.

Pensé en cómo me aferré a tu ausencia como quien abraza el vacío con la esperanza de encontrar algo. Nunca quise olvidarte. Pero sí dejar de amarte. Y eso, lo descubrí tarde, es mucho más difícil.

Cuando volví a verte, entendí que los nervios no eran nostalgia. Eran defensa. No era ternura, era miedo. Ya no me dabas paz, solo me recordabas lo frágil que fui contigo.

Mi primo, en su boda, me dijo algo sin peso, pero con verdad: —No es el amor de mi vida. Pero es con quien quiero compartirla.

Ahí comprendí que aunque te amaba, te habías convertido en otra historia. En otra versión de ti que ya no incluía mis palabras. Tus ojos ya no buscaban los míos. Tus cartas se dirigían a otro. Tus poemas respiraban otro aire.

Te bloqueé. Te borré. Y al hacerlo, no fue solo tu contacto lo que eliminé. Fue también parte de quien yo era contigo.

Pero eso es vivir, ¿no? Seguir amando a quienes ya no existen, mientras uno aprende a existir sin ellos. No fue heroico. No fue trágico. Simplemente fue necesario.

Y en el fondo, supongo que eso también es amor.

Cristian S. Sánchez ©
11 de Abril de 2025

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